Ir al contenido principal

CARTA SIN REMITENTE

Recuerdo haber leído en una ocasión una carta, de esas que se escribían sobre papel y que estaban tatuadas en tinta, de esas que se doblaban en cuatro partes para acomodarlas en un sobre blanco, sellado herméticamente con pegamento, con un destino en el frente y una invitación de respuesta en el dorso.

Trato de hacer memoria, pero tantos años han pasado, que ya no sé si mi nombre figuraba en el remitente o en el destinatario, si mis manos dibujaron sobre aquel papel las palabras o si fue mi vista la que recorrió sus trazos.

Esa carta hablaba de la vida, de la juventud, de la esperanza en el amor, de la parte material de los sueños, de los cambios dolorosos y necesarios, también del sufrimiento y del vigor, pero no guardo más que la esencia de unas palabras borrosas que no soy capaz de reformular en mi mente.

Decía algo como:

«Lo único que te pido es que no te escapes de la realidad; que no te refugies en un mundo soñado; que no te acostumbres a lograr en sueños lo que rehúyes conquistar en la vida real, con tu propio esfuerzo.»

He buscado, revuelto y removido los estantes, los libros, los cajones y los discos de un recuerdo de la juventud al que necesito aferrarme en este momento. Quizá sea verdad que esa carta no iba dirigida a mí y nunca la guardé, ni la leí, ni la perdí, sino que la envié para que al cabo de unos años, llegado el momento adecuado, apareciera en mi buzón de nuevo de la mano de un mensajero.

Creo que ese momento ha llegado, pero parece que hoy se retrasa el cartero.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LAS DOS RANAS

Cierto día un grupo de ranas viajaba muy alegremente por el bosque; pero derrepente sin darse cuenta, dos de ellas cayeron en un agujero. Todas las demás se reunieron al alrededor de ellas y cuando vieron cuán profundo era aquel lugar, les dijeron a las otras dos, que era mejor darse por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron saltando con todas sus fuerzas para salir del hoyo, mientras que sus compañeras seguían insistiendo que sus esfuerzos para seguir con vida, eran inútiles. Finalmente, una de ellas puso atención a lo que las demás decían y se rindió, se desplomó y murió.  La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible y una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando. Pero la ranita seguía saltando cada vez con más y más fuerzas hasta que finalmente logró salir del agujero; todas se quedaron ...

LOS TRES VIEJITOS

Una mujer salió de su casa y vió a tres viejos de largas barbas sentados frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo: -"No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo". Los ancianos preguntaron: -"¿Está el hombre de la casa?" -"No", respondió ella, "No está". -"Entonces no podemos entrar", dijeron ellos. Al atardecer, cuando el esposo llegó, ella le contó lo sucedido. -"¡Entonces diles que ya llegué e invítalos a pasar!, y la mujer salió rápidamente a invitar a los hombres a pasar a su casa. -"No podemos entrar a una casa los tres juntos", explicaron los viejitos. -"¿Por qué?", quiso saber ella. Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó: -"Su nombre es RIQUEZA". Luego indicó hacia el otro:  -"Su nombre es ÉXITO y yo me llamo AMOR. Ahora ve adentro y decidan a cuál de nosotros tres, desean invitar a vuestra ...

LA CIEGA

Había una ciega sentada en la calle, con una taza y un pedazo de cartón, escrito con tinta negra, que decía: "Por favor, ayúdenme, soy ciega" Un creativo de publicidad que pasaba frente a ella, se detuvo y observó unas pocas monedas en la taza. Sin pedirle permiso tomó el cartel y le dio vuelta. Tomó un marcador negro que el llevaba y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies de la ciega y se fue.   Por la tarde el creativo volvió a pasar frente a ella. Esta su taza estaba llena de billetes y monedas. La ciega reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él, la persona que reescribió su cartel y sobre todo, quería preguntarle ¿Qué había escrito? El publicista le contestó: -"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio; pero con otras palabras". Sonrió y siguió su camino. El nuevo mensaje decía: "Hoy es primavera y no puedo verla" . Si haces lo que siempre has hecho, obtendrás los resultados que siempre ...