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EL AMULETO DE LA BRUJA

—"Entonces, ¿quieres quitarle todo lo que tiene?", preguntó la bruja, apoyándose en el bastón mientras observaba a Natalia con su único ojo bueno.  

Natalia arqueó una ceja, con la misma expresión de asco que usaba para mirar a los pedigüeños que pululaban por las aceras cuándo se le acercaban para pedirle una moneda.

—"Quiero que sufra. ¿Tan difícil es de entender?", respondió con desdén, como si hablara con alguien que fuera débil mental.  

La anciana, con su cabello blanco revuelto y manos temblorosas, soltó una risa seca.  

—"¿Y por qué tanto odio?", preguntó inclinándose hacia adelante. "¿Qué te hizo esa tal Camila para que quieras arruinarle la vida?".

Natalia apretó la mandíbula. No le gustaba que la interrogaran, pero había algo en la mirada penetrante de la bruja que la incomodaba.  

—"¿Qué no me hizo? Desde que éramos niñas, siempre fue la favorita de todos. La dulce, la perfecta. Mi madre decía: “¡Mira a Camila, siempre tan educada!”. Los profesores la adoraban, y hasta los chicos que a mí me gustaban acababan detrás de ella. Y para colmo, se casó con Samuel. El único hombre que vale la pena en este maldito pueblo. Ya me las he ingeniado para que pierda el trabajo e incluso para que sus amigas no le dirijan la palabra, pero mientras Samuel esté a su lado, ella será feliz y eso ....."

—" ... Y eso te molesta", dijo la bruja, asintiendo lentamente.  

—"¡Claro que me molesta!", estalló Natalia, levantándose de la silla y acercándose al mostrador. "¡Ella no lo merece! Yo soy mejor que ella. Siempre lo fui. Solo necesito un empujón para demostrarlo".  

La bruja sonrió, dejando entrever dientes amarillentos.  
—"¿Un empujón? ¿Y qué tipo de empujón necesitas, niña?"

—"Quiero que Samuel me elija. Quiero que la deje por mí. Y quiero que Camila lo vea. Quiero que sienta lo que yo sentí cada vez que me opacó".  

La anciana permaneció en silencio por unos segundos, estudiando a Natalia. Luego, habló con lentitud:  
—"Eso es más que un empujón. Lo que pides es atar su voluntad a la tuya. Obligar a un hombre a dejar todo por ti, no por amor, sino por… obsesión. ¿Estás dispuesta a pagar el precio?".

Natalia frunció el ceño.  
—"¿Precio? ¿Cuánto quieres? El dinero no es problema". 

—"No hablo de dinero", replicó la bruja, con una sonrisa torcida. "Hablo de lo que este deseo puede costarte. Porque una vez que Samuel esté contigo, no habrá forma de deshacerlo. El amuleto que usarás te atará a él durante un año. Pase lo que pase, no podrás quitarte el colgante ni deshacer el hechizo hasta que se cumpla el plazo".  

—"¿Un año?",:preguntó Natalia, como si fuera una eternidad.  

—"Un año. Y créeme, niña, un año puede ser mucho tiempo con un hombre que no te ama realmente".  

—"Eso es un riesgo que estoy dispuesta a correr",:respondió Natalia, alargando la mano. "Dame el amuleto".  

La bruja la observó por un momento más, como si buscara algún rastro de duda. Pero todo lo que encontró fue arrogancia y ambición. Sin decir nada, sacó un pequeño colgante de forma ovalada y lo colocó en la mano de Natalia.  

—"Te lo advierto. Una vez que lo actives, no habrá vuelta atrás".  

Natalia sonrió con suficiencia, se colgó el amuleto al cuello y salió de la tienda sin mirar atrás.  

El hechizo funcionó. Samuel dejó a Camila y se entregó completamente a Natalia. La primera noche que pasaron juntos, Natalia saboreó su triunfo. Por fin había ganado.  

—"No puedo creer que haya perdido tanto tiempo con Camila", dijo Samuel mientras acariciaba el cabello de Natalia. "Tú eres todo lo que necesito".  

—"¿De verdad lo crees?", preguntó ella, saboreando sus palabras.  

—"Por supuesto. Nunca más me alejaré de ti".  

Sin embargo, cuando Natalia intentó volver a su casa al amanecer, Samuel se interpuso en su camino.  

—"¿Adónde vas?", preguntó, con un tono que ya no tenía nada de tierno.  

—"A mi casa, obviamente".  

—"No. No vas sola. Te acompaño".  

—"No es necesario, Samuel. Estoy bien".  

—"¡He dicho que te acompaño!", gritó sujetándola del brazo con una fuerza que le arrancó un jadeo de dolor ...  

El primer golpe llegó esa misma noche, cuando Natalia cometió el error de mencionar a Camila durante la cena.  

—"¿Por qué hablas de ella?", preguntó Samuel, con los ojos encendidos de furia. "¿Te ha dicho algo de mí?".

—"¡No! Solo decía que…  "

El bofetón cortó la frase. 

—"¡No vuelvas a nombrarla!", gruñó, antes de salir del comedor y dejarla sola, con la mejilla ardiendo.  

A partir de ese momento, cada día fue peor. Samuel la controlaba, la insultaba, y la golpeaba por las razones más triviales. El hombre que había deseado se convirtió en su peor pesadilla, y Natalia no podía huir.  

Cada vez que intentaba quitarse el amuleto, sentía un dolor insoportable, como si la piel de su cuello ardiera. Las palabras de la bruja resonaban en su cabeza: “Un año. Pase lo que pase.”  

Una noche, con el rostro hinchado y los ojos llenos de lágrimas, Natalia se miró en el espejo. Apenas podía reconocerse. Por primera vez en su vida, no se sentía victoriosa.  

"Un año ... "murmuró, con la voz rota. "Solo tengo que sobrevivir".

El amuleto brilló tenuemente bajo la luz de la habitación, como burlándose de ella.

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