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LO QUE DAS, RECIBES

Era un día frío, lluvioso y gris.
Mientras manejaba su auto por la ruta, José divisó a una anciana cuyo vehículo averiado estaba detenido en la carretera. Entonces estacionó su viejo auto delante de la anciana.

La señora miró preocupada al hombre que se le acercaba, hacía más de una hora que estaba allí sin conseguir ayuda; pero quien se aproximaba no tenía muy buen aspecto, podría tratarse de un delincuente. Se veía pobre, hambriento, con las ropas viejas y desgastadas.

Más no había nada por hacer, estaba a su merced.

José se dio cuenta de lo que pasaba e intentó tranquilizarla: 
—"Vengo para ayudarla señora", le dijo. "Entre al auto, así no se moja mientras yo veo qué puedo hacer".

Solo se trataba de una pinchadura, pero para la anciana se trataba de una situación difícil.

José se metió bajo el auto buscando un lugar donde poner el gato hidráulico y en la maniobra se lastimó varias veces los nudillos. Estaba apretando las últimas tuercas, cuando la señora bajó la ventana y comenzó a hablar con él. Le contó de donde venía, que tan solo estaba de paso por ahí, y que no sabía cómo agradecerle.

José sonreía mientras cerraba el baúl del coche, guardando las herramientas.

Le preguntó cuánto le debía, pero él no quería dinero. Más bien pensaba que ayudar a alguien en necesidad, era la mejor forma de pagar por las veces que a él, a su vez, lo habían ayudado.

Así que le dijo a la anciana que si quería pagarle, la mejor forma era que la próxima vez que viera a alguien en necesidad y estuviera a su alcance el poder de asistirla; lo hiciera de manera desinteresada y que entonces ... "Tan solo piense en mi" ... Agregó despidiéndose.

José esperó hasta que el auto se fuera. Había sido un día frío, gris y depresivo; pero se sintió bien ... Ayudar, siempre le daba satisfacción.

Entró al coche y se fue ...

Unos kilómetros más adelante la señora divisó un pequeño bar. Pensó que sería muy bueno quitarse el frío con una taza de café caliente antes de continuar, así que se detuvo ... El lugar era diminuto, muy pobre y precario.

Una cortés camarera se le acercó y le extendió una toalla de papel para que secara su cabello empapado por la lluvia. Tenía un rostro agradable con una hermosa sonrisa. Aquel tipo de sonrisa que no se borra aunque estuviera muchas horas trabajando de pie. La anciana notó que la camarera estaba embarazada y sin embargo esto no le hacia cambiar su simpática actitud.

Pensó en cómo gente que tenía tan poco, era tan generosa con los extraños. Entonces se acordó de José.

Al terminar su café, pagó con cien pesos. Cuando la muchacha regresó con el cambio constató que la señora se había ido. Intentó alcanzarla, pero al pasar vio en la mesa una servilleta de papel escrita junto a cuatro billetes de cien.

Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando leyó la nota:

"𝘊𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘵𝘶𝘷𝘦 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘪𝘥𝘢𝘥, 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘮𝘦 𝘢𝘺𝘶𝘥ó 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘩𝘰𝘺 𝘵𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘺 𝘢𝘺𝘶𝘥𝘢𝘯𝘥𝘰. 𝘚𝘪 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘨𝘢𝘳𝘮𝘦, 𝘯𝘰 𝘥𝘦𝘫𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘴𝘪𝘴𝘵𝘪𝘳 𝘢 𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘩𝘰𝘺 𝘭𝘰 𝘩𝘢𝘨𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘨𝘰. 𝘚𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘥𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘵𝘶 𝘢𝘮𝘰𝘳 𝘺 𝘯𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘢𝘥𝘢 𝘳𝘰𝘮𝘱𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘣𝘦𝘯𝘥𝘪𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘢𝘣𝘦𝘴 𝘥𝘢𝘳 𝘤𝘰𝘯 𝘵𝘶 𝘢𝘤𝘵𝘪𝘵𝘶𝘥."

Esa noche, ya en su casa, mientras la camarera entraba sigilosamente en la cama para no despertar a su agotado esposo que debía levantarse muy temprano, pensó en lo que la anciana había hecho por ella.

"¿Cómo sabría ella las necesidades que tenían con su esposo, los problemas económicos que estaban pasando, más ahora con la llegada del bebe?"

Acercándose suavemente hacia él, para no despertarlo, lo besó tiernamente y le susurró al oído:
—"Todo va a estar bien. Hoy, gracias a Dios, completamos el dinero atrasado para pagar la renta. Te amo José"

.

Vaya! este mundo es tan pequeño, pero tan grande a la vez. Y siempre he pensado que nuestra vida es como un bumerán. Lo que envías, recibes; lo que siembras, cosechas.

Qué se iba a imaginar José que la anciana de una u otra forma le iba a pagar su favor, y justamente con su esposa.

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