Ir al contenido principal

PEQUEÑOS GRANDES OBSEQUIOS

Cuentan que una vez un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena y hundido en sus pensamientos repetía para si mismo:

"Si tuviera una casa grande, sería feliz"
"Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz"
"Si tuviera muchas joyas, sería feliz"
"Si tuviera una hacienda con mucho ganado, sería feliz"

En ese momento tropezó con una bolsita llena de piedras a las que no dio mayor importancia y empezó a arrojarlas, una por una al mar cada vez que repetía:

-"Sería feliz si tuviera … "

Así lo hizo hasta que quedó solo una piedrita en la bolsa, la cual decidió guardar, sólo por un ligero pálpito en el corazón.

Al llegar a su casa, muy sorprendido y afectado se dio cuenta de que aquella piedrita que había guardado, era nada y nada menos que un diamante muy valioso... Todas las cosas que podía haber conseguido si no las hubiese tirado al mar.

Comentarios

  1. Cada uno de nuestros días es un diamante precioso, valioso e irremplazable. Depende de ti aprovecharlo o lanzarlo al mar del olvido para nunca más poder recuperarlo...

    ResponderEliminar
  2. Hola Rosas, qué historia tan linda!!! y tienes razón en tu comentario, los días si que son diamantes irrecuperables, así son de valiosos que no nos damos cuenta y creemos que el después es lo importante y nos olvidamos que cada instante y que cada cosa por más pequeña que sea nos da qué pensar para vivir plenamente la vida. Hermosa historia!! Gracias!!!!

    ResponderEliminar
  3. Bonito relato para reflexionar seriamente lo que hacemos y como aprovechamos el día a día de nuestra vida.

    ResponderEliminar
  4. A mi me hizo pensar en este momento,y en el pasado .Ningun momento es totalmente perfecto,pero las personas que amamos son las que hacen que la vida ,este llena de tesoros irremplazables .

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

LAS DOS RANAS

Cierto día un grupo de ranas viajaba muy alegremente por el bosque; pero derrepente sin darse cuenta, dos de ellas cayeron en un agujero. Todas las demás se reunieron al alrededor de ellas y cuando vieron cuán profundo era aquel lugar, les dijeron a las otras dos, que era mejor darse por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron saltando con todas sus fuerzas para salir del hoyo, mientras que sus compañeras seguían insistiendo que sus esfuerzos para seguir con vida, eran inútiles. Finalmente, una de ellas puso atención a lo que las demás decían y se rindió, se desplomó y murió.  La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible y una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando. Pero la ranita seguía saltando cada vez con más y más fuerzas hasta que finalmente logró salir del agujero; todas se quedaron ...

LOS TRES VIEJITOS

Una mujer salió de su casa y vió a tres viejos de largas barbas sentados frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo: -"No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo". Los ancianos preguntaron: -"¿Está el hombre de la casa?" -"No", respondió ella, "No está". -"Entonces no podemos entrar", dijeron ellos. Al atardecer, cuando el esposo llegó, ella le contó lo sucedido. -"¡Entonces diles que ya llegué e invítalos a pasar!, y la mujer salió rápidamente a invitar a los hombres a pasar a su casa. -"No podemos entrar a una casa los tres juntos", explicaron los viejitos. -"¿Por qué?", quiso saber ella. Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó: -"Su nombre es RIQUEZA". Luego indicó hacia el otro:  -"Su nombre es ÉXITO y yo me llamo AMOR. Ahora ve adentro y decidan a cuál de nosotros tres, desean invitar a vuestra ...

LA CIEGA

Había una ciega sentada en la calle, con una taza y un pedazo de cartón, escrito con tinta negra, que decía: "Por favor, ayúdenme, soy ciega" Un creativo de publicidad que pasaba frente a ella, se detuvo y observó unas pocas monedas en la taza. Sin pedirle permiso tomó el cartel y le dio vuelta. Tomó un marcador negro que el llevaba y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies de la ciega y se fue.   Por la tarde el creativo volvió a pasar frente a ella. Esta su taza estaba llena de billetes y monedas. La ciega reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él, la persona que reescribió su cartel y sobre todo, quería preguntarle ¿Qué había escrito? El publicista le contestó: -"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio; pero con otras palabras". Sonrió y siguió su camino. El nuevo mensaje decía: "Hoy es primavera y no puedo verla" . Si haces lo que siempre has hecho, obtendrás los resultados que siempre ...